de Sarita con carigno

viernes, marzo 31, 2006

El Código de los Carignos.

Aunque dicen que no hay Carignos malos, yo diría mas bien que no hay Carignos iguales, porque a pesar de que todos poseemos parte del mismo código genético, las combinaciones son muy distintas y los resultados también.
Pero tanta diferencia no nos quita el sentido de pertenencia, porque al tener el código de los Carignos, aunque tú no lo quieras, pasas a ser parte de una red de protección infranqueable y eficiente. Ningún Carigno es reemplazable, pero ante la ausencia de uno habrá un Carigno subrogante que hará todo lo posible por suplir falta de Carigno.
Falso sería decir que nunca peleamos, pero cuando algún agente desconocido o suceso inesperado osa hacer llorar a uno de nosotros somos capaces de reordenar los planetas contar de bajar las mareas para secar nuestras lágrimas.
Podemos llegar a tener la lengua feroz, queriendo compartir nuestra “verdad” con quien quiera o no quiera escucharla.
Somos celosos de los Carignos, pero si eres capas de soportar los meses de prueba bajo la atenta mirada del comité de selección, serás unos de los nuestros y verás lo rico que se siente ser tratado con Carigno.

martes, marzo 07, 2006

Sarita Ayer

De la Sarita púber les contaré en otra oportunidad, soy un poquito alérgica a esa mezcla estridente de tontera con brazos largos , destreza tecnológica y flojera mental ...hoy no tengo ganas de reconocer que en ciertos aspectos fui la peor de las teenager.
Y bueno, por el seguro de gravamen de mi padre, gané una beca para un cursillo rápido de adultez, así que los 21 obtuve el diploma del “deber ser” lo que no acreditaba el siempre cumplir con lo esperado, pero para esos casos, buscaba indulgencia en el manual de auto compasión, que por ser mujer, me dieron al nacer.
Por otro lado, haciendo caso omiso a las fechas de vencimiento, fui de pocos amores, pero prolongados, más que el miedo a la soledad, estar de novia me permitía tener amigos, y si, de muy chica tuve acceso a información masculina clasificada , de esa que si no tienes hermano mayor nunca te enteras; por eso digo más que el miedo a la soledad, era el miedo a la crueldad masculina.